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FESTIVAL INTERNACIONAL DE LAS ARTES ESCÉNICAS DE LA REGIÓN DE MURCIA OTRO 2009
Nostalgia
Serbia-Bosnia.
Compañía: Teatro de la Resistencia.
Dramaturgia y dirección: Hadi Kurich.

Entrevista con Hadi Kurich realizada por José Bote

– ¿Ha sido vuestra primera visita en Murcia?

Nosotros estuvimos en Murcia hace unos diez años, haciendo un Quijote en la calle. Hicimos varios por el centro de la ciudad, y desde entonces no habíamos vuelto. Estamos encantados de poder estar aquí y presentar un trabajo nuestro de este tipo. Estamos bastante cerca, pues vivimos cerca de Valencia. También realizamos obras infantiles, con las que hemos pasado por la Región de Murcia. Este festival me parece muy interesante, porque tal y como está diseñado, tiene mucha importancia.

– ¿Hasta dónde se remonta el origen de vuestra compañía?

Llegamos a España mi esposa, mi madre y yo por cuestiones de la guerra de los Balcanes. Mi esposa y mi madre son dos grandes actrices. Al llegar aquí, montamos el “Teatro de la Resistencia”, porque es la única cosa que sabemos hacer. Allí en Yugoslavia ya hacíamos este trabajo: yo lo realizaba en el Teatro Nacional, Ana en otro teatro nacional y mi madre también. Hemos sido artistas reconocidos en nuestra tierra. Al llegar aquí, intentamos hacer lo nuestro. De todo esto, nace también el nombre de “Teatro de la Resistencia”.

Hemos conseguido mantenernos en el mercado español y europeo ya 18 años, y con una enorme dificultad añadida porque nosotros no controlábamos el idioma en el momento en que llegamos. Con el tiempo, empiezas a aprender y la gente te “aprende”. Hemos hecho bastantes montajes, más de veinte, sin contar montajes que se han realizado para una única ocasión. Las producciones que hemos realizado y exportado, las hemos representado por todas las Comunidades Autónomas y también algunas por Europa.

Hacemos tanto teatro clásico por un lado como teatro contemporáneo por el otro. En el clásico intentamos abordar los temas que nos parecen a Ana (mi mujer) y a mí de actualidad. La esencia del teatro clásico español no es para nosotros el verso, sino la acción desbordante pero con sentido. Hay grandísimas obras en el teatro clásico español, y nosotros hemos intentado rescatar algunas de ellas. Por ejemplo, una versión personal sobre “Los amantes de Teruel”. Actualmente estamos realizando una serie de entremeses a partir de textos de Quevedo y Fray Luis de León; defendemos la posición de que el entremés es la cara oculta del Siglo de Oro, y que lo que no se podía hacer ni decir en la gran comedia, sí se pudo hacer en el entremés, y en él las mujeres se rebelaban con gran claridad, se rebelaban contra su posición tan desfavorecida, y así contrastábamos con textos bastante misóginos de aquella época. Todas estas chicas que se buscan los amantes con derecho, para liberarse.

Siempre intentamos extraer elementos que puedan tener contemporaneidad, aunque utilicemos el vestuario clásico, pero la esencia, el pensamiento deben estar relacionados con el espectador contemporáneo.

– En cuanto al espectáculo que hemos visto esta noche, “Nostalgia”…

“Nostalgia” pertenece justamente a la segunda línea, la del teatro contemporáneo que estamos haciendo. Lo llamamos teatro contemporáneo aunque al final acabamos siendo nosotros. Se trata de una bendición y una maldición a la vez, ser el escritor y el director en la misma compañía. Escribes textos que después montas, porque si no los montas tú, ¿quién los va a montar?

El hecho de escribir yo los textos, es tanto una alegría artística, como económica, y es una de las razones que nos mantienen a flote en este mundo, porque el sistema de compra-venta en el mundo de teatro en España funciona así. Por supuesto, el capitalismo no es mi sistema favorito, tengo que vivir en él y no tengo más remedio. ¿Cómo casa algo que se supone debe basarse siempre en el beneficio con algo que en absoluto se debería basar en el beneficio, que es el teatro? Es un poco ridículo, porque nuestras obras las compra el Estado, y es el mismo Estado el que nos subvenciona para que pueda comprarnos, y si no fuera así despareceríamos todos. Quien diga que el teatro puede ir al espectador, a la taquilla, no sabe lo que dice. Es imposible hacerlo de esta manera.

– En el espectáculo de “Nostalgia” nos ha parecido ver que se confundía el personaje con la propia persona, con el actor. Parece que nos lo has corroborado un poco ahora. ¿Cómo trabajáis esto, porque parece un poco autobiográfico?

Hay determinados aspectos que sí son autobiográficos, como prácticamente todo lo que uno comienza a realizar con corazón y con deseo. Es un trabajo perfecto para poder mentir, mentir sobre algo que crees que sabes y en realidad no sabes nada de ello. Y también es un trabajo perfecto para poder decir la verdad sobre ti mismo y sobre otros seres humanos que conoces y de los cuales sus problemas pueden ser universales.

Hay mucha gente que con mucha dignidad intenta indagar en la verdad del ser humano, y éste es nuestro camino. El teatro cumple así una finalidad importante para la sociedad, para el arte.

“Nostalgia” se comenzó a indagar desde la verdad de dos personajes extranjeros que se encuentran y ambos sienten este tremendo problema que es la nostalgia. Se ha intentado indagar en la razón de ello y cómo podría quizás paliarse el efecto devastador de esta pena. Y esto no se puede hacer mintiendo. Así que arriesgas, tanto actuando como dirigiendo. Montamos una obra en la que intentamos arriesgar conscientemente, realizando una serie de diálogos que parecen como estáticos, donde la gente se sienta y habla, como en las obras de antaño, las que se dice que ya no se hacen. Pero hay determinadas cuestiones humanas, con las que no se puede ir corriendo en el escenario de un lado a otro, simplemente debes utilizar técnicas bien distintas de las que están de moda. Y esto no está muy bien visto por el propio mercado. Esto es un riesgo para una compañía, realizar una obra de este tipo.

– ¿Cómo enfocáis el trabajo en el proceso compositivo de la puesta en escena?

Nosotros habitualmente trabajamos desde una matemática pura: idea de mínimo esfuerzo para el máximo efecto. Cuando aprendí esto, me ayudó mucho profesionalmente. Con esto conseguimos pasarlo bien, para trasmitir a la gente algo que merece la pena transmitir. Esto tiene su proceso, y no es autocomplaciente, siempre se rige por un orden exacto: Hadi escribe las escenas, las lee en voz alta para ver si hay comentarios por parte de mi mujer, si no sigue escribiendo escenas hasta que se tiene una estructura bien clara, desde ahí se empieza a pensar qué se puede hacer con ello. Nada de modelo de improvisación de lo que surge algo, porque para esto no tengo tiempo, y tampoco es mi modelo preferido, en nuestro caso es contraproducente, así que preferimos un modelo más matemático. Si se puede hacer en menos ensayos, mejor. Casi todas nuestras obras, se construyen normalmente en menos de 30 ensayos, eso sí, después de haber pensado mucho. El director de teatro tiene una gran responsabilidad, y cuando se encuentra con los actores (aunque sea su mujer) debe haber hecho todo un trabajo previo.

– ¿Cuánto hay en vuestro trabajo de la inmigración y del mestizaje intercultural?

Por supuesto, prácticamente todo. Somos un producto de mestizaje, y estamos muy orgullosos de ello. Primero porque Yugoslavia es producto del mestizaje. Nosotros venimos de allí, nos llamamos yugoslavos, y la gente queda muy sorprendida por ello, porque este país ya no existe, claro está, desde hace veinte años casi. Pero nosotros nos seguimos sintiendo producto del mestizaje de aquella gente yugoslava, con tres culturas distintas que convivían. Creemos que somos un producto cultural, no sólo genético, de aquel mestizaje, que no prosperó. No prosperó a nivel político, pero ya veremos qué va a ocurrir en el futuro. Los que hoy piensan, desgraciadamente pienso que sigue siendo la mayoría, que uno debe mirar sólo su propio ombligo, deben venirse abajo. El futuro no gira hacia ti, sino hacia el otro respecto a ti, no puedes perder de vista a los otros.

– Coméntanos por favor tu teoría sobre las furgonetas, esa forma de entender el teatro.

El teatro se puede vivir de muchas maneras distintas. A nosotros nos ha tocado una muy curiosa, muy interesante y nueva para nosotros, ya que antes éramos funcionarios del Estado, que es lo que eran todos los artistas de prestigio en los países socialistas. Aunque en Yugoslavia, dirigía y montaba grandes obras, tengo que reconocer que me sentía un poco alejado de lo que es la esencia del teatro, que en realidad es un todo.

Desde el momento en que llegué a España, y empecé a cargar y descargar furgonetas, con mi propia escenografía dentro, cuando empecé a conducir yo mismo la furgoneta, cuando empecé a subir las escaleras para poder dirigir los focos para mis propias obras, cuando aprendí lo que son los reguladores de potencia, cómo se conectan los canales, cuando entendí cómo funcionan las cosas desde dentro, las cosas cambiaron de perspectiva. También me metí en la venta, en el contacto con las instituciones, aprendí también carpintería, hago soldadura, montamos nuestras propias escenografías. Empecé todo esto por necesidad, y entendimos finalmente que es como debería ser. No soy director de teatro, no soy actor, no soy escritor, no soy escenógrafo, tampoco músico, tampoco iluminador, ni otras cosas que debo hacer. Soy teatrero, y esta odiosa palabra para tanta gente, es el mayor orgullo que tengo. El teatrero es el que se atreve con todo. Los que hablan de tanta profesionalización, quizás es su incapacidad la que está hablando.

– ¿Qué proyectos futuros tenéis en “Teatro de la resistencia”?

¡Si yo lo supiera! Esto es tan vivo, que realmente sé con toda la seguridad del mundo que si quiero comer en mayo debo sacar un estreno. Porque en mayo tengo la oportunidad de vender un estreno, porque me lo quieren comprar. Pero claro, tengo dudas, porque no sé cómo va a ir España, ni el mundo. ¿Qué tipo de estreno debo preparar? ¿Qué se espera de mí y qué espero yo de mí? Algo decidiré, de varias ideas que tengo en la cabeza alguna se hará realidad. La que sea es lo de menos, porque cualquier idea que escoja será la mía, será mi decisión como teatrero. Una cosa la tengo bastante clara: si la escojo, la hago bien por orgullo; si veo que no puedo hacerlo bien, no lo haré, porque más vale el estómago vacío que la vergüenza encima de un escenario.

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